Un porvenir para todos los jóvenes

Alice Noël, miembro del equipo del Movimiento ATD Cuarto Mundo en Ginebra, Suiza, nos habla de la lucha de Valérie para hallar su lugar en el mundo del trabajo
Valérie tiene dieciocho años. Toda su vida la pasó en Ginebra. Desde muy niña, vivió junto a su padre que tiene mala salud. Era demasiado joven cuando le tocó cargar con responsabilidades más allá de sus fuerzas, cuando tuvo que comprender porqué su mamá no fue capaz de quedarse junto a ellos.
Valérie es una chica inteligente y comunicativa, pero ya lleva más de dos años buscando un puesto como aprendiz (pasantía pagada) y no encuentra.
¿Por qué no halla un lugar en el mundo del trabajo, en el mundo de los adultos? ¿Le falta la motivación o la voluntad? ¿Es demasiado exigente? No es así. Valérie redactó ochenta cartas de candidatura, todas rechazadas; emprendió un sin fin de trámites; siguió por diez meses un programa de capacitación e inserción y sacrificó tantos sueños.
Durante estos meses buscando empleo, Valérie se siente “sola y abandonada”, y sin embargo desempeña un papel esencial en la preparación de la llegada de las Caravanas Europeas de la Fraternidad. Porque con este proyecto, Valérie construyó un espacio donde siente confianza en sí, donde puede ser ella misma y sentirse útil.
En una sesión de la Universidad Popular [1], Valérie impresiona a los adultos al explicar cuán duro es no tener una vida activa, no tener un ritmo propio. También les cuenta como va siendo cada vez más difícil volver a hallar motivación luego de cada rechazo de su candidatura.
El tiempo va pasando y Valérie está dispuesta a acceptar cualquier empleo, lo que sea para no volver a caer al vacío, para no depender más de su padre. Es entonces cuando, tres días antes de que lleguen las Caravanas, le proponen un puesto de aprendiz en un supermercado. Pero hay que empezar la semana siguiente: la de las Caravanas.
Lo que me impresionó en aquél entonces, fue que Valérie no manifestara tanta decepción ni rabia, que no lo tomara tan mal. Se le echaba a perder la semana de las Caravanas. iSi llevaba siete meses implicándose en el proyecto!
Pero ella está tranquila: « Bueno, es así, de todos modos ¿qué le puedo hacer? ». Y entonces, una vez más, me percato de cuanto tienen para enseñarme jóvenes como Valérie. Me impresiona ver cuán adultos son, cómo pueden tomar las cosas como son, aceptar los golpes de la vida, pero sin dejar de ser fuertes.
El día en que la Caravana llega a Ginebra, Valérie está presente para recibir al equipo. Pero al día siguiente, se levanta por la mañana y empieza su trabajo en el supermercado. Mientras tanto, nosotros, pasamos un lindo día con la Caravana.
Pero el miércoles, Valérie no acude a su puesto de trabajo. Por algún motivo, a lo mejor por la suma de varias circunstancias, no logra ir. Sin embargo se levanta y le dice a su padre que sale a trabajar. En el autobús se encuentra con los jóvenes de la Caravana, y también les dice que está yendo a trabajar. Pero la realidad es que se pasa el día errando en la ciudad haciendo hora, hasta que llegue la tarde y pueda alcanzar al equipo sin que nadie sospeche ni pregunte porqué no está en el supermercado.
El jueves tenía que ser su día libre, así que lo pasa con nosotros. Asiste en la mesa “de honor” al Foro “Un porvenir para todos los jóvenes” que organizamos en su barrio. Ante 80 personas, habla con fuerza de lo que viven los jóvenes en busca de empleo cuando se los abandona sin apoyo. Ahí se cruza con su trabajadora social y le comenta que toda está bien.
Pero no es así. Se da la casualidad que yo me encuentre en el umbral de la puerta de su casa, cuando suena el teléfono. Su padre contesta. Es el supermercado, preguntan porqué Valérie ya no viene a trabajar. Se pone furioso, y no me cree cuando le digo que yo no estaba al tanto. La verdad es que yo tampoco entiendo que Valérie no me haya dicho nada. Su padre decide irse a tomar un café con ella, para hablar. Siento la desesperación y la gran preocupación de este hombre, así como todo lo que parece esperar de mí.
Luego de esta charla de padre a hija, encuentro a Valérie llorando, sentada en el pasto, cerca de las actividades, la música y los talleres que la Caravana organizó en su barrio. Hablamos horas. Me comenta cuanto teme decepcionar y su sentimiento de culpabilidad: « Decepciono a mi padre, a mi trabajadora social, incluso a ti… », « de nuevo fracasé ».
Está tan acostumbrada a llevar responsabilidades, a cargar con un peso demasiado grande para ella que se cree invencible, capaz de todo. Luego, me comenta que después de los dos primeros días ya le dolía la espalda. Lo último para ella, era desempeñarse mal por causa de su espalda. Mejor no ir.
En los días que siguen, Valérie participa en las últimas actividades de la Caravana. ¿Será una forma de huir la realidad? Quizás. Pero también le permite cosechar los frutos de su compromiso.
Pero llega el día en que la Caravana tiene que marcharse, y entonces la realidad nos alcanza. La trabajadora social me llama para decirme que Valérie es echada de su programa de inserción por no haber cumplido con su compromiso en el supermercado.
Llamo a Valérie. Me cuenta lo que le dijeron: que no estaba lista para asumir un puesto de aprendiz, que primero tenía que aclarar muchas cosas personales y resolver sus sufrimientos de la infancia, que cuando entienda porqué siempre se las arregla para fracasar, entonces estaría lista para volver al programa.
Me comenta también que sus trabajadores sociales le dijeron que no valía la pena que ella construya de nuevo una relación con un psicólogo, tomando en cuenta la relación de confianza que ya tiene conmigo. Me agobia este peso. Acaba de irse la Caravana y estoy exhausta, y de repente me “cae encima” esta responsabilidad: los adultos abandonan a Valérie a su suerte, con el mero consuelo de: « pero si tienes a Alice ».
Al día siguiente, salimos a comer algo para charlar. De nuevo, me impresionan su fuerza y su voluntad. Ya tomó cita con un psicólogo para la semana siguiente. Consiguió un contacto con alguien en el hospital para ayudarle a perder peso. ¿De dónde le sale esta fuerza?
Hoy en día Valérie sigue buscando. Y sigue sin encontrar. Por momentos, se desanima, más que todo por la frustración de no ganar suficiente dinero.
Ahora la acompaño para contactar a otros organismos de inserción laboral. También presentamos una solicitud de subsidio social.
Cuando estamos juntas frente a la trabajadora social, desconozco a Valérie. La Valérie que conozco opina, se atreve a hablar y le gusta expresarse. En el Centro de Apoyo Social, apenas habla, su voz se pierde, su mirada apunta al piso. Esto me perturba. ¿Quién soy yo, sin capacitación ni recursos sobre el tema del empleo, para darles esperanza estos jóvenes, para decirles que sí lo lograrán?
Soy la que queda.
[1] Las Universidades Populares fueron creadas por el Movimiento ATD Cuarto Mundoen 1972. Son espacios de diálogo entre las personas que viven en la extrema pobreza y la sociedad en su conjunto, donde el conocimiento de cada uno es reconocido y enriquecido con el conocimiento y la experiencia de los demás. Se celebran en varios países de Europa y suelen reunirse cada mes, para debatir sobre temas específicos.




