« Para llegar a algunas aldeas teníamos que caminar 1 hora y 45 minutos» Guillermo, voluntario permanente

Guillermo Díaz Linares, 37 años, guatemalteco, forma parte del equipo de República Centroafricana.
Fotos del proyecto Arte para Todos en Guatemala
Guillermo no tiene miedo de ir a explorar el mundo. Guatemalteco, nacido en el seno de una familia de agricultores, dio sus primeros pasos con ATD Cuarto Mundo a los 7 u 8 años : «Yo era un niño que acudía a la biblioteca de la calle desarrollada por Cuarto Mundo en mi pueblo, San Jacinto». Apasionado por el arte y la creación, se hizo maestro y se dedicó junto con un pequeño grupo de voluntarios a crear vínculos con las familias más pobres de la zona mediante la realización de actividades : «Para llegar a algunas aldeas teníamos que caminar 1 hora y 45 minutos».
En 1994 quedó marcado por un viaje a la capital, la ciudad de Guatemala: «Yo no podía imaginar que hubiera familias en la capital viviendo en chabolas hechas de chapa o cartón». Cinco años después tomó una decisión «un poco loca» - según sus amigos - y dejó su puesto de enseñante para convertirse en voluntario permanente e instalarse en esta ciudad. No fue sencillo dejar su antigua vida, y muchos cuestionaron su compromiso, sobre todo cuando en 2002 salió por primera vez de su país para unirse al equipo de Perú : «La lejanía y el cambio cultural casi me hicieron regresar, pero las familias del cuarto mundo me dieron la fuerza para quedarme…». Comprendió hasta qué punto es importante para estas familias la presencia de los voluntarios, en particular el potencial que constituye la confianza mutua que se construye. Sus viajes continuaron… y acaba de unirse al equipo de la República Centroafricana.





