Conducidas por los niños, familias aúnan voluntades.

imprimer envoyer a un ami
Partager, Share, Compartir
Desde hace aproximadamente un año, en el barrio de Burhiba, en Bukavu, una docena de familias han decidido reunir todos sus esfuerzos para poder expresarse diariamente sobre sus problemas, sus experiencias, sus esfuerzos para combatir la miseria.

Son las iniciativas tomadas por los niños Tapori en su barrio, las que los han despertado.

En efecto, algunos niños no dudaron en comenzar a reconstruir la casa del hombre aquel que sin embargo, nadie del barrio se atrevía a hablar. « Se decía que era un brujo. Pero se dieron cuenta después: él era muy pobre. Seguía encerrado en sí mismo, ya que no tenía con quien hablar, y entonces, cualquiera podía decir cualquier cosa sobre él » analiza uno de los animadores que acompaña a los niños. « Se le preguntó a los niños por qué nos habían propuesto ir donde este señor. Ellos nos respondieron : porque nosotros somos niños y él tiene niños como nosotros. » Esto hizo decir a este animador que « los niños son provocadores de proyectos de desarrollo. Todo lo que hacemos en nuestros barrios es gracias a ellos. »

Conducidos por los niños, entonces, los adultos se reagruparon. « Yo estoy muy contento de encontrar amigos con quienes dialogar, confiar mis preocupaciones en completa libertad » dijo uno de ellos. « Por mucho que nuestra miseria perdure, para nosotros el hecho de encontrarnos en esta creciente familia para aunar nuestras ideas comienza a darnos la fuerza y el valor. Esto también da un poquito de sentido a nuestra vida cotidiana. Para nosotros tender la mano para mendigar es indigno. Nosotros nos damos valor mutuamente para que cada uno de nosotros continúe lo que esté preparado a hacer para sobrevivir (llevar equipajes, vender bebidas locales o carbón, reparar zapatos…) y que los esfuerzos de unos y otros sean valorizados. »

« Cada mañana, voy al taller de mueblería. Si encuentro planchas, las llevo sobre mi cabeza hasta la máquina. Gano el precio del transporte, y si hay caídas, las conservo. Puedo ganar 200 FF, 200F, lo que me permite llevar comida a la casa, para los niños. Incluso cuando tengo dificultades, estoy orgulloso de decir lo que hago. » « Yo barro las gradas y me dan 200 o 300 F. Yo vivo con eso y gracias a la ayuda de los vecinos. No quiero pedir, es una vergüenza, pero a veces es eso lo que hago» « Estoy viuda desde hace mucho tiempo. No tengo trabajo. Mi trabajo es mi Dios. Yo oro desde la mañana a la tarde. Los demás me ayudan a comer y a vestirme. Estoy desprovisto, pero el hombre de Dios no es pobre. » «  Yo trabajo en el mercado Beach Muhanzi. Limpio las latas. A cambio, me dan un poco de bebida. La vendo por 500 F, y me alcanza para vivir con eso.»

Apoyados por los consejos de ciertos animadores Tapori, que viven ellos mismos en el barrio, las familias aprenden a conocerse mediante visitas mutuales, el diálogo rehace la superficie y la sonrisa comienza a volver. « Aquellos que temían expresarse por falta de confianza, comienzan a abrirse lentamente. Se diría que un clima de confianza, nace poco a poco entre nosotros.» « En las familias solidarias, se entregan consejos. Me enseñaron como luchar contra la miseria entre nosotros mismos. » « Ahora, tomo lo que yo hago con consideración y pido a las familias solidarias que trabajemos mano a mano. »

Para estas familias, saber no es estar solos, y tener los medios de estar ligados a otras es importante. Esto es lo que ellos aprecian con « La carta a los amigos del mundo », ellas que desean enviar sus saludos a todos los amigos del mundo.

photo

Allí donde hay hombres condenados a vivir en la miseria, los derechos humanos son violados.
Unirse para hacerlos respetar es un deber sagrado.

Joseph Wresinski

logo facebook